Nuestra esperanza

Los pocos españoles que todavía poseen un sentido de la patria y del Estado observan con consternación el panorama político desolador de unas élites entreguistas y colaboracionistas con las amenazas extranjeras, que llevan el nombre de Unión Europea, y cobardes con las amenazas de secesión de unos caudillos regionales cínicos y arrogantes. A esto se suma el drama de que se haga pagar a los españoles trabajadores y honrados los desfalcos de la banca y los desmanes de unos partidos políticos decadentes. Si a eso le sumamos el que los aparatos del régimen llevan décadas entonteciendo a la población con bastante eficacia parece que no queda mucho lugar para la esperanza.

Y sin embargo, en lugar de fijarnos en el desgarro de la guerra civil, a la que los poderes fácticos insisten una y otra vez en retrotaernos, no por afán de justicia, sino por intereses políticos turbios, deberíamos volver la mirada al ejemplo del heroísmo del pueblo español durante la invasión francesa. También entonces la aristocracia fue mayoritariamente colaboracionista con el invasor y por supuesto las instituciones políticas como el Consejo de Castilla, la Junta Suprema de Gobierno, los monarcas o las Audiencias. Y sin embargo el pueblo llano y algunos notables dieron pruebas con las ideas y los hechos de que a pesar de todo se puede confiar en la salud del pueblo español, en su sabiduría, en su nobleza, su valor y su tesón, virtudes que lo equiparan al sufrido pueblo ruso.

Por eso el patriotismo de Izquierda Hispánica se funda no en las instituciones decadentes de un régimen que conduce al Estado y a la Nación a la extinción y la ruina sino en el pueblo trabajador, donde todavía reside el patriotismo y el sentido común necesarios para salvarnos del suicidio nacional. Se equivoca quien crea que toda esa disconformidad y esas ansias de sublevación podrán ser canalizadas por la ideología corrupta del régimen. Necesitamos ideas directrices potentes, que no tenemos por qué buscar lacayunamente en el extranjero, porque nuestra tradición filosófica y política es valiosísima y sigue viva en la obra magna de un maestro como Gustavo Bueno.

Nada más necio que creer que las potencias extranjeras depredadoras nos salvarán de nosotros mismos. La esperanza reside en la nobleza de nuestro pueblo trabajador y en el valor de nuestra tradición: como hace doscientos años.

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6 Respuestas a “Nuestra esperanza”


  • David David Balaguer

    Además de las Juntas de Defensa también fueron relevantes en la guerra contra el invasor las guerrillas, de carácter más popular. También pienso en la defensa heroica de pueblos, en el sentido tradicional, como Gerona, Zaragoza o Madrid.

    La idea de pueblo es un mito cuando se la usa como sujeto político, como cuando se dice que «el pueblo ha elegido» o se habla de «la voluntad popular», porque en efecto el pueblo consta de muchas partes (clases sociales, profesiones, familias y redes familiares, círculos sociales) que pueden tener relaciones conflictivas entre sí.

    Pero en el texto está implícito que el pueblo es el público o la cantera sobre la que han de actuar los grupos organizados, como Izquierda Hispánica, y dotados de una teoría del Estado seria, que pretenden totalizar a partes de ese pueblo para que puedan actuar como sujeto político eficaz.

    Por lo demás, el texto tiene intención divulgativa. Quien busque análisis históricos o filosóficos de más calado podrá encontrarlos en esta misma página de Izquierda Hispánica o en las publicaciones asociadas al Materialismo Filosófico.

  • Buen texto. En relación a los mitos, el desprestigio y olvido de los mitos nacionales españoles, sustituidos por otros de carácter regional, favorece la fragmentación de España.
    Respecto a la imagen, un detalle, propongo reivindicar la bandera rojigualda sin escudo monárquico.

  • Ciertamente Cosmonauta. Pero también hay muchos mitos ambiguos.

  • No todos los mitos son iguales. Hay mitos luminosos y mitos oscurantistas

  • El «pueblo», así en genérico, en metafísico, no existe. Las juntas de defensa, organizadas en gran medida por la élite fernandina. Esa es la única realidad. Los poderes fácticos siempre han estado ahí. No importa a qué punto de partida acudas. Siempre toparás con un mito. Uno detrás de otro. Mitos catalanistas. Mitos vascongados. Mitos españolistas. Mitos. Mitos. Mitos. No hay más.

  • Junto con José Luis Pozo, David Balaguer es el prosista épico que la Hispanidad Revolucionaria y Socialista necesita.

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