¡Feliz 1 de mayo!

Hay hoy dos motivos para escribir sobre dos temas muy brevemente. Hoy es 1 de mayo, día de los trabajadores, y hoy es el día después de que el Atlético de Madrid se ha clasificado, cuarenta años después, para una final de la Copa de Europa en la que jugará contra el Real Madrid. Dos hechos conectados en esta entrada.


Hoy es 1 de mayo, día de los trabajadores. Un día convertido, por aparentes partidarios y declarados adversarios, en un mero día festivo en el calendario, como una celebración más en el panteón de lo santoral y cristiano. No en vano, se celebra la muerte de varios mártires obreros y sindicalistas, anarquistas y estadounidenses, que en Chicago pagaron con prisión y con su vida el defender no solo unas mejores condiciones laborales, sino una alternativa social, económica, política, ética y moral, al capitalismo industrial que en su época vivieron.

Han pasado muchas cosas desde entonces. Ha habido cinco internacionales. La primera, organizada por Marx donde sus ideas empezaron a expandirse internacionalmente con el único obstáculo de la organización anarquista de Bakunin que, paradójicamente, resultó ser la ideología que, tras su expulsión de la misma, consiguió heredar su legado. La segunda, socialdemócrata, dura hasta hoy teniendo el marxismo como una referencia más teológica que teórica, debido a la conversión progresiva de esta ideología al liberalismo. La tercera y la cuarta son las internacionales comunistas; la tercera, la llamada Komintern, ligada a Lenin y Stalin y al gloriosamente caído Imperio Soviético; la cuarta, la troskista, la de la “revolución permanente”, la más difusa pero, junto con la socialdemócrata, la más admitida en las sociedades democráticas de mercado pletórico capitalista del presente. La quinta, la populista, la propuesta por Hugo Chávez, donde neomarxistas, neocomunistas, nacionalistas políticos adscritos a las corrientes llamadas de “liberación nacional” y otras corrientes se dan la mano en nombre de un Mundo “multipolar” en lo geopolítico y “multicultural” en lo socioeconómico. Su web, aquí: http://www.fifthinternational.org/. Paradójicamente, no tiene ninguna sección en ninguna nación hispánica.
Al mismo tiempo, han cambiado debido a la dialéctica histórica entre los campos económico, político, antropológico-institucional y tecnológico-científico, las propias clases sociales que trataron de organizarse “internacionalmente” en esas cinco versiones de la misma, cada una adscrita a una izquierda definida determinada. Hoy el proletariado sigue existiendo, pero menguado en muchas naciones, sobre todo las del “Primer Mundo” no industrializado. Como el proletariado, ciertas clases de trabajadores se han transformado mediante operaciones autoformantes de adaptación a realidades históricas distintas. También han surgido clases de trabajadores nuevas mediante operaciones heteroformantes. La burguesía sigue existiendo, también organizada de forma jerárquica en torno al grado de poder político (su cercanía al poder del Estado) y económico (el grado de propiedad privada legal, ilegal y/o alegal que poseen en el marco de las ramas de las relaciones de producción: producción, distribución, intercambio, cambio y consumo). Hoy, la Gran Burguesía es, al mismo tiempo, nacional (la base de sus negocios está en un Estado concreto) e internacional (los tentáculos desde esa base o raíz/núcleo se distribuyen entre distintos Estados). También las clases de trabajadores son nacionales, tienen patria, aunque no puedan ejercer patriotismo alguno porque lo único que les acerca a la verdadera posesión de la patria, y la patria es, ante todo, la tierra apropiada por un Estado donde sus trabajadores ciudadanos y residentes (inmigrantes, legales e ilegales) producen valor y generan riqueza, es su cualidad de ciudadanos (los inmigrantes, por ello, no tienen el mismo rango de acceso al mismo, hay clases de trabajadores distintos) y, en caso de vivir en democracias, su derecho al voto y el ejercicio del mismo. Pero al mismo tiempo, las clases de trabajadores sin acceso a los poderes del Estado de manera efectiva, ni a la posesión privada y privativa legal, ilegal y alegal, de los medios de producción que en el marco de las relaciones de producción configuran los modos de producción, están distribuidas internacionalmente debido al grado en que están distribuidas internacionalmente las condiciones de trabajo, de propiedad y de relaciones sociales del capitalismo realmente existente (que hoy podría ser llamado “post-capitalista”).
Hoy es el día en que podemos recordar el primer artículo de la Constitución de la Segunda República Española, aquel que define a España como una “república de trabajadores de toda clase”. Hoy hay muchas clases de trabajadores. Desde las coordenadas del materialismo filosófico y político, podemos hablar no solo de trabajadores basales (de la capa basal), esto es, los que producen (proletariado), distribuyen, intercambian, cambian y consumen valor económico producido en un territorio nacional determinado con conexiones internacionales probada en las interrelaciones entre PIB y PNB. Son clases de trabajadores que pueden ganar más de mil euros, o no ganar nada aún siendo imprescindibles para la recurrencia del sistema económico, como las amas de casa. Pero también, decía, podemos hablar de trabajadores conjuntivos, aquellos que están presentes en los tres clásicos poderes políticos de Montesquieu: funcionarios (meros administrativos, médicos y enfermeros, policías y guardias civiles), autónomos arrendados por la administración pública, contratados y asociados. Y de trabajadores corticales (los que se encargan de asegurar, por la fuerza y la vigilancia, la recurrencia de la sociedad, la seguridad de la producción y la apropiación de valor), donde encontramos a los soldados de los ejércitos en sus distintos rangos, y a los asalariados encargados, en sectores públicos y estratégicos privados y privativos, de establecer relaciones internacionales con otros Estados y otras clases de trabajadores, también con otras clases de propietarios, empresarios y oligarcas. Todos estos se distribuyen en el espacio antropológico habiendo trabajadores circulares (la mayoría), trabajadores radiales (los que producen directamente sobre la tierra, los que producen valor mediante su acción directa sobre los recursos naturales) y trabajadores angulares (donde entran, también, los sacerdotes y curas).
Estas son las clases de trabajadores que en cada Estado votan, trabajan, viven y se relacionan. Y su situación dialéctica, tanto estable como inestable, tanto de seguridad y buen vivir como de sumisión y precariedad, pobreza o miseria, depende de su relación con el poder político como administrador de la apropiación privada y privativa de la que son gendarmes y garantes, garantes de la existencia de los grandes propietarios de los medios de producción, que sí, trabajan muchas horas, pero son las relaciones de propiedad y no las horas de trabajo las que marcan la diferencia (un joven reponedor de almacén que tiene horario parcial de cuatro horas trabaja menos tiempo que el dueño de su supermercado, pero su situación social y vital es, sin duda, de mucho mayor privilegio social y político, y eso es lo que verdaderamente importa).
Por ello, por todos ellos, por estas clases de trabajadores, este día es importante. Y hay que celebrarlo, reafirmando su esencia. Pues la esencia del 1 de mayo, aquello que, en contextos históricos sucesivos hace que sea lo que es, es que es el día que marca, en buena medida, el punto definitivo de inflexión en las relaciones dialécticas entre clases de trabajadores y clases de propietarios. Porque lo que el 1 de mayo significa es que solo universalizando, a nivel nacional-político (no meramente nacional-populista), el que las clases de trabajadores sean las verdaderas propietarias de la tierra que trabajan, y la tierra que trabajan es su Patria, su Nación, podrá establecerse una sociedad socialista, y solo a partir de esa apropiación revolucionaria pueden partir, mediante el ejemplarismo o la acción directa internacional desde Estados socialistas potentes, hacia la universalización real de las formas de vida socialista a otras sociedades políticas. Desde la Comuna de París hasta la actual China popular, pasando por supuesto por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la apropiación de la Patria es la Revolución, la Revolución es la conquista de la idea de Nación por parte de los trabajadores, y la conquista de la Nación es el paso sine qua non para emprender una acción imperialista generadora y socialista a nivel universal si esa conquista se realiza sobre naciones de dimensiones e importancia que permitan dar ese paso. Hoy, la idea de Imperio Generador Socialista es tan polémica y tan peligrosa para el fundamentalismo democrático, sea progresista o sea liberal, como en su día lo fue la de Dictadura del Proletariado. Y de hecho, el Imperio Generador Socialista sería la recuperación materialista y política de la idea de Dictadura del Proletariado para el devenir.
El Imperio Generador Socialista es la Dictadura de las Clases de Trabajadores sobre su Patria y su influencia universalista sobre otras sociedades a las que deberá elevar, igualar y ayudar a mejorar sus condiciones de vida. El Imperio Generador Socialista es la Revolución Comunista que hay que construir, pues no vendrá por sí sola, pero tampoco debemos quedarnos de brazos cruzados mirando las nubes. El Imperio Generador Socialista es el Comunismo sin elementos idealistas, pues fue el que de verdad se implementó aún con fracasos y desgracias, y es el que hay que adaptar a los nuevos tiempos. Es el lugar donde las mayorías nacionales dominan sobre las minorías privilegiadas vendepatrias, y es la condición sine qua non que tritura el orden internacional establecido para universalizar lo mejor para la mayoría. Así, el Comunismo se transforma en idea reguladora y regulativa de la acción política de la Dictadura de las Clases de Trabajadores en forma de Imperio Generador Socialista. Y el 1 de mayo es una institución, una ceremonia que ha de tomarse en serio para poder reconstruir, mejorandolo, aquello que, aún caído, transformó radicalmente el Mundo y la vida de millones de personas como ningún movimiento social anterior lo hizo, con la excepción quizás del cristianismo católico.
Por ello, es hora de celebrar este día con una vocación que incluya la vocación de transformación del Mundo sin renegar de su interpretación desde una cartografía adecuada para hacerlo. ¡Feliz 1 de mayo!

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