Frente a la inmigración

El fenómeno de la inmigración es una de las cuestiones  de más actualidad en el contexto social y político. Millones de personas dejan sus países de origen buscando una vida mejor  interactuando con las  sociedades de los países receptores más ricos y prósperos. En estas lineas me dispongo a hacer un recorrido por esta cuestión, desbrozando algunos de los mitos y discursos oportunistas que las ideologías políticas del momento utilizan cuando abordan el problema de la inmigración .

En primer lugar resaltar que el fenómeno de la inmigración no es homogéneo, ni desde el punto de vista geográfico, ni desde el punto de vista social institucional. No es lo mismo el inmigrante que va en busca de condiciones de vida que en su país no puede conseguir, que el inmigrante que viene de un país con alto nivel de vida, a vivir de manera ociosa gracias a una herencia o a unas rentas, como los jubilados ingleses de la costa levantina .

Geográficamente  está claro que los inmigrantes se concentran principalmente en grandes ciudades , zonas industriales y turísticas de los países receptores donde encontrar trabajo es más fácil. Los países de procedencia son muy variados y responden a diversos factores(proximidad, afinidades culturales, familiares, etc). No me voy a detener en este punto el cual se puede encontrar abundante documentación tanto en la Red como en otros medios.
La cuestión social institucional es muy importante y será en la que me voy a centrar a lo largo del desarrollo de este artículo.
Hay una gran  confusión sobre este punto por la ideología democratista fundamentalista que impregna todo el arco político-ideológico. Algunas ideologías como las socialdemócratas humanistas  y libertarios populistas se empeñan en tratar este fenómeno a nivel social como un todo uniforme:»todos los inmigrantes son iguales, todos son seres humanos y deben ser tratados de la misma manera en un Estado Democrático de Derecho«. Este argumento lo esgrimirán socialdemócratas de todo tipo y muchos  neo-liberales, sobre todo los liberales de corte anarquista ya que los inmigrantes también pueden participar y disfrutar de las bondades del «libre mercado«.

 La Democracia es igual para todos y los inmigrantes no serían una excepción. Si lo que se persigue es justicia social e igualdad de oportunidades este punto parece muy claro, desde una perspectiva  jurídica  los inmigrantes deben «adaptarse«al ordenamiento jurídico vigente y llegar a tener los mismos derechos y obligaciones que los ciudadanos nativos de un país  receptor. Todo clarísimo a simple vista.
Es de vital importancia analizar qué significa «adaptarse» para los regímenes de las  democracias homologadas de mercado pletórico. Adaptarse sería adoptar «valores democráticos» y aceptarlos. ¿Pero que es eso de los «valores democráticos»?
Estos valores (democráticos) que las sociedades receptoras exigen a los inmigrantes, en realidad  no tienen nada que ver con la Democracia, y sí lo tienen… es desde una perspectiva ideológica y metafísica. Cuando se dice que se tienen que adoptar valores democráticos , en realidad se está diciendo que se adopten unos valores muy concretos de índole institucional  e histórica, en donde la Democracia no tiene nada que ver , ya que la Democracia no es de donde emanan esos valores institucionales. Para decirlo más  claramente : La Democracia carece completamente de valores de ningún tipo , y lo que muchas personas creen que son valores democráticos no son otra cosa que instituciones históricas que llevan funcionando mucho tiempo y que se plasman en la moral colectiva de una sociedad concreta, incluso aparecen reflejados en positivo en las constituciones políticas, códigos penales, códigos civiles, etc. Es el carácter metafísico y sustancialista que se hace del uso ideológico de la Democracia, la que hace caer en el tremendo error de considerar a estos valores fruto de la Democracia.
Por lo tanto, cuando en las sociedades receptoras se exige a algunos inmigrantes que sustituyan la poligamia por la monogamia, que no practiquen ceremonias tan repugnantes como la ablación o el vudú, que se le permita a las mujeres trabajar y vestirse como quieran, se le obligue a los niños a  ir a la escuela prohibiendo les trabajar, o que los jóvenes salgan a tomar unas cañas(consumir en el mercado pletórico) y no estén todo el día rezando ……. no se les están exigiendo en realidad adoptar «valores democráticos» aunque se les llame de esta manera. Se les está exigiendo que participen de una serie de relaciones institucionales y ceremoniales que son muy importantes para el funcionamiento de una sociedad concreta, y que llevan tiempo implantadas en esa sociedad.
Abordar el problema de la inmigración desde una perspectiva de compatibilidades e in-compatibilidades institucionales, entre las instituciones culturales  históricas de los países receptores y las diferentes instituciones que traen consigo los inmigrantes, ayudará sin duda a realizar políticas de inmigración mucho más eficaces y racionales que ayuden a preservar la integridad  de países receptores y a proteger a los inmigrantes de posibles abusos y «fracasos» que se encuentren en los países de acogida.

Rompiendo con el mito de los valores democráticos, se podrían  destruir los mitos que sustentan las ideologías libertarias populistas relacionadas con la Libertad. Lemas tan populares y falsos como :»la tierra no es de nadie«o «las fronteras no existen» repiten hasta la saciedad socialdemócratas anti-sistema y liberales anarquistas, para los cuales el Estado no es más que una super-estructura carente de importancia o simplemente a extinguir.
Como socialistas materialistas, en IH negamos absolutamente la existencia de cualquier derecho natural y como no puede ser de otra manera, negamos rotundamente el derecho individual de tránsito. Los individuos no tienen derecho a transitar libremente por el mundo al margen de las necesidades de los estados y de sus miembros, por lo tanto es absurdo oponerse a que un estado lleve a cabo expulsiones de irregulares , porque por encima de la libertad del  inmigrante irregular están las libertades y los intereses de los ciudadanos del estado. Otra cosa es criticar los fundamentos por los que un inmigrante es expulsado y  si  merece ser expulsado o no. Pero no criticar sin más con argumentos fantásticos, como los antes indicados  el acto de expulsar inmigrantes, ya  que es inevitable y en muchas ocasiones necesario.
Las políticas en inmigración  son necesarias y un estado dotado de un territorio , implica una apropiación territorial permanente e histórica por parte de un grupo o grupos humanos, dotados de unas instituciones concretas e históricas. Es imposible y completamente falso que un país pueda acoger en su territorio a un número ilimitado de inmigrantes , creer lo contrario puede ser desastroso.

 En la mayoría de las ocasiones los principales afectados por este tremendo error son los propios inmigrantes que movidos por falsas esperanzas son explotados , rechazados y acaban formando ghettos, todo ello camuflado por la hipocresía humanista de las clases medias de las democracias homologadas y sus inexistentes «valores democráticos«.

Un análisis materialista  desde las instituciones históricas y no desde unos valores democráticos inexistentes implica reconocer sin complejos que: No todos los inmigrantes son iguales. 

Las diferencias radican en el tipo de instituciones que los inmigrantes traen consigo, muy distintas entre sí y que muchos «demócratas» entienden como «riqueza cultural y pluralidad» sin más , sin ningún tipo de análisis, lo mismo les  da un hispano colombiano católico que un mauritano islámico que guía su vida bajo la ley de la sharía.
Todo esto , al margen de otras consideraciones como pueden ser los casos delictivos individuales, o bandas de crimen organizado internacionales  en donde el derecho penal positivo no tiene porque tener en cuenta la nacionalidad de los autores, ni sus instituciones culturales para actuar ante un delito tipificado en el Código Penal de un estado.
El Islam es un claro ejemplo de incompatibilidades institucionales, ya no solo con las democracias homologadas sino también con las instituciones históricas hispánicas. No son los metafísicos valores democráticos los que nos explican que un hombre islamizado no puede obligar a su mujer a llevar el Burka, como tampoco desde valores democráticos se puede abordar el problema de que ese mismo hombre islamizado quiera dar de alta a sus tres mujeres en la seguridad social o sacarles la tarjeta de residencia NIE alegando  razones de parentesco. Tampoco hay valores democrático , ni  la denominada libertad de expresión y de culto, que den cuenta por qué cientos de musulmanes puedan ocupar un parque público durante horas para rezar impidiendo su uso al resto de los ciudadanos. Casos de incompatibilidades institucionales hay a raudales, desde la mutilación genital femenina, la poligamia, el canibalismo ……. Todas ellas oscurecidas desde unos supuestos valores democráticos donde la libertad de expresión mal entendida deja abierta la caja de Pandora.
El tratamiento del problema desde una perspectiva materialista de las ceremonias y las instituciones tritura por completo las tesis racialistas y biologicistas  que grupos de derecha no alineada barajan en su cruzada contra los inmigrantes, considerándoles como un todo homogéneo  indeseable por ser de distinta raza o «cultura«.
Desde la teoría materialista de las ceremonias e instituciones se pueden diseñar programas de políticas en inmigración donde la adaptación de los inmigrantes a las sociedades de acogida sean más eficaces y menos traumáticas, efectuando controles de fronteras pertinentes y seleccionando sin complejos, de qué países es mas preferible que provengan los nuevos ciudadanos, ya que se rompería el mito de que todos los inmigrantes son iguales.

No es la raza ni la etnia del inmigrante la que marca las diferencias sino las ceremonias e instituciones que trae consigo. Para un país como España, con una de las tasas de natalidad más bajas del mundo, sería de gran importancia una política de inmigración libre de contaminaciones ideológicas metafísicas, tanto de ideologías libertarias disolventes como de ideologías xenófobas y racialistas.

En casos en los que sea inevitable o muy difícil la recepción de inmigrantes concretos, como es el caso de inmigrantes islamizados. No queda otro remedio de tomar partido siempre favoreciendo la integridad de la Nación(Eutaxia). Como por ejemplo fomentar instituciones y ceremonias menos dañinas y más asimilables como la fiesta del cordero ( Aid al-Adha) en favor de otras más difíciles de asimilar como el Ramadán o imposibles de asimilar como el Burka. Tampoco es lo mismo un musulmán moderado que acata sin problemas la legalidad y que abandona poco a poco a rigidez religiosa, a un salafista fundamentalista. El tema del Islam es delicado y aunque en principio desde IH lo planteemos  en general como incompatible con la Hispanidad, puede haber importantes matizaciones que habría que analizar.

Desde IH desde luego que no tenemos una solución inmediata a los complicados problemas que plantea el fenómeno de la inmigración. Pero si tenemos las herramientas para proponer lo que podría ser la iniciativa de un plan positivo de política de inmigración.

En primer lugar  triturando  las ideas  de «adaptación» y «valores democráticos«, en el contexto del fenómeno de la inmigración en las democracias homologadas de mercado pletórico . Y estudiar  la política de inmigración más conveniente para la Nación desde las coordenadas de un materialismo político definido, analizando la compatibilidad de las ceremonias y las instituciones históricas que los inmigrantes traen con sigo de sus países de origen.

En segundo lugar proponiendo una política de inmigración, que favorezca en la medida que sea posible  la inmigración de países compatibles desde un punto de vista institucional-cultural ( países hispanos).

Siempre se suele pensar en la inmigración pobre. Pero no hay que olvidar que la inmigración  rica anglosajona y norte-europea puede resultar también perjudicial y disgregadora (distáxica) para la Nación. No hay que olvidar que ingleses y alemanes asentados en la costa mediterránea española, traen sus instituciones incompatibles con la hispanidad, como sus casinos, locales y prostíbulos unicamente rotulados en inglés, alemán , ruso…. Si se le exige a un inmigrante pobre subsahariano que aprenda español, también se le debe exigir a un inglés o a un alemán que lo hable,  y lo escriba  en su chiringuito de playa. Poco a poco se están adueñando de las costas españolas y nadie dice nada.
Y en tercer y último lugar , que el Estado aplique unas medidas socializantes que premien al inmigrante trabajador que viene a generar valor a la Nación, otorgándole los mismos derechos y sueldo que a los trabajadores nacionales, facilitándole el acceso a documentación de residencia, seguridad social, educación y en última instancia la nacionalidad. Esto significa ir en contra completamente de la hipocresía liberal-capitalista de favorecer la llegada de mano de obra barata en época de vacas gordas, y utilizar la demagogia barata y populista en época de crisis como que:  los inmigrantes nos quitan el trabajo, hacen bajar los salarios porque trabajan por menos dinero  o se llevan el dinero de las ayudas públicas.

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1 Respuesta a “Frente a la inmigración”


  • Por fín, un artículo izquierdista serio y coherente que toca el tema de la inmigración sin caer en la xenofobia irracional ni en el buenismo perroflautero del progresismo pseudo-izquierdista indefinido. Como siempre, la verdadera cuestión que subyace a todo es la opresión de clases y el reparto de poder/riqueza entre colectivos, por lo que debe primar el interés general de la Nación material española

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